El judo es un deporte donde se da gran importancia a la tradición: las katas, la técnica y las normas de cortesía tienen aquí, como en muchas artes marciales, mucha más relevancia que en otros deportes.

El judo se caracteriza por unas normas y por unos valores que tratan de mantenerse vivos con más o menos éxito en la mayoría de los lugares en los que se practica. Para mi ésto es lo que le da al judo un extra entre el resto de opciones deportivas que tiene cualquier persona, proporciona un plus educativo que tanto para niños y niñas como para cualquier persona adulta marca y deja huella pase el tiempo que pase.

Pero a veces, la tradición lo impregna todo y funciona como un lastre, como un agente excesivamente conservador que no atiende a argumentos más allá de que las cosas siempre se han hecho así. Nos impide entonces evolucionar, seguir el ritmo de nuestro tiempo y llegar a nuevos lugares.

Hasta ahora, desde mi punto de vista, lo que más había hecho evolucionar y cambiar el judo era la competición, sobre todo la competición de alto nivel. En los últimos años ha evolucionado muchísimo la forma en que los judokas entrenan, realizan la preparación física e incluso se preparan psicológicamente de cara a enfrentar grandes retos competitivos. De hecho, quizá sea la vertiente competitiva la que más ha bebido de la ciencia y la investigación, buscando alcanzar el máximo rendimiento nadie duda que sea lógico utilizar todo el conocimiento a nuestro alcance.

También la docencia, sobre todo a niños pequeños, las ganas de extender y hacer disfrutar del judo  a más y más gente han hecho que los profesores tengan que ingeniárselas inventando unos más y otros menos métodos de enseñanza, juegos aplicados al judo, actividades complementarias… Sin embargo, todavía hay quien piensa que solo se aprende una técnica repitiéndola mil veces cada día desde que uno tiene 6 años (que no digo que no funcione, sino que no es la única forma) o que la forma en que nosotros aprendimos es sin duda la mejor, puesto que nosotros lo aprendimos de esa forma, tal y como lo hizo nuestro maestro y tal y como lo hizo su maestro… (y así hasta el año 1882 con Jigoro Kano en el Kodokan).

A ¿qué viene este post? Pues a algo que explicaré en el siguiente, pero que tiene que ver con los nuevos materiales que distintos profesionales del judo están diseñando para facilitar la enseñanza y el aprendizaje de nuestro deporte,  hacerlo más divertido y más accesible. Sobretodo, me quedo con esto último, más accesible, usemos los conocimientos que tenemos, generemos más conocimientos, utilicemos las buenas ideas de otros profesionales, mezclémoslo todo y… ¡Judo para todos!

Hay una frase que dice “si quieres tener lo que nunca has tenido, haz lo que nunca has hecho”. Y si la cambiamos un poquito diremos, “si quieres llegar a quienes nunca has llegado, utiliza métodos que nunca has usado”. ¡Evolucionemos sin perder la esencia!

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